Saturday, November 17, 2007

Leonardo Boff en Casa de América

Leonardo Boff
LEONARDO BOFF
ANALIZARÁ EN CASA DE AMÉRICA
LAS CONFESIONES RELIGIOSAS EN AMÉRICA LATINA

El momento que vive la religión católica en América Latina
será analizado por uno de sus conocedores más profundos
el afamado teólogo LEONARDO BOFF
1 de junio a las 17:00 horas en Casa de América.

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Leonardo Boff, nacido en Concordia, Brasil, en 1938, es uno de los principales teóricos de la Teología de la Liberación y de la Teología Ecológica. Sus posicionamientos suelen ser una influencia determinante en la manera de asumir la religión como una política para el cambio, y frecuentemente sus criterios no son compartidos por la Iglesia.
En mayo de este año, el Papa Benedicto XVI inauguró en Brasil la V Asamblea de la Conferencia Episcopal de América Latina y El Caribe. La visita del Pontífice estuvo marcada por la polémica sobre el aborto en la sociedad brasileña, cuyo país, que se acerca a los 190 millones de personas, tiene la mayor población católica del mundo.

En contraste, Brasil engloba una de las tasas más altas de casos de SIDA, y sólo en 1995, esta enfermedad fue la principal causa de muerte entre las mujeres jóvenes en el Estado de Sao Paulo.

El fomento masivo del uso del preservativo por parte del Estado brasileño, ha generado una amarga disputa con la Iglesia Católica, que defiende la enseñanza de la abstinencia.

A pesar de que el Papa Benedicto XVI condenó el aborto, las relaciones prematrimoniales, los matrimonios homosexuales, y especialmente la profilaxis sexual, el gobierno de Lula Da Silva lanzó esta semana una campaña para concienciar a los ciudadanos en materia sexual. Destaca sobretodo el anuncio sobre la intención de convocar a un referéndum popular para la aprobación de una ley que permita el aborto.

Leonardo Boff es considerado en América Latina una de las voces más autorizadas en los temas ecológicos, y abordará los retos que enfrenta aquél continente a la luz del cambio climático, de la deforestación del Amazonas y del uso alternativo del etanol.

Esta conferencia continúa los foros de “Tribuna Iberoamericana”, por los que ya han pasado el presidente de Honduras, Manuel Zelaya; el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera; la Secretaria de Estado para Iberoamérica, Trinidad Jiménez; la Comisaria europea para Latinoamérica, Benita Ferrero Waldner; el Secretario General para Iberoamérica, Enrique Iglesias; entre otras figuras de la política latinoamericana.
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LEONARDO BOFF (Concordia, Brasil, 1938), teólogo, profesor, ex sacerdote y ex franciscano, es uno de los principales teóricos de la Teología de la Liberación y de la Teología de la Ecología. Procede de una familia de emigrantes sicilianos y dos de sus once hermanos, Clodovis y María Lina, son religiosos.

Con diez años, Leonardo Boff, cuyo verdadero nombre es Genesio Darcí, ingresó en el seminario menor de Petrópolis, en las cercanías de Río de Janeiro y años más tarde cursó estudios en el seminario mayor de la misma ciudad.

En 1961 se graduó en Filosofía en Curitiba y en 1965 en Teología en Petrópolis. Miembro de la orden de los Hermanos Menores Franciscanos, en 1964 fue ordenado sacerdote. Posteriormente amplió estudios en las universidades de Wurzburg, Lovaina, y Oxford y en 1970 obtuvo los doctorados en Teología y Filosofía en la universidad alemana de Munich, donde fue discípulo del teólogo alemán Karl Rahner. Boff fue durante más de veinte años profesor de Teología en el Instituto Teológico Franciscano de Petrópolis, al tiempo que desempeñó tareas de asesor de la Conferencia de Obispos de Brasil y de la Conferencia Latinoamericana de Religiosos.

También fue profesor de Teología y Espiritualidad en varios centros de estudio y universidades de Brasil y del exterior, y profesor visitante en las universidades de Lisboa (Portugal), Salamanca (España), Harvard (EE UU), Basilea (Suiza) y Heidelberg (Alemania).

En 1972 publicó el libro “Jesucristo liberador”, que se tradujo a varios idiomas y por el que fue requerido por las autoridades eclesiásticas. Posteriormente, su obra “La resurrección de Cristo y nuestra resurrección en la muerte” se incluyó también en el examen de la Congregación para la Doctrina de la Fe (antiguo Santo Oficio).

Líder de las corrientes progresistas de la Iglesia en Latinoamérica, Leonardo Boff fue uno de los principales teóricos de la Teología de la Liberación, corriente de la Iglesia católica que utiliza elementos del marxismo para interpretar los evangelios.

En 1980 publicó, junto con su hermano Clodovis, la obra “Cómo hacer teología de la liberación”, que el mismo definió como “una reflexión que hacen los cristianos, desde su compromiso, contra la opresión política, económica y social, intentando, junto con otros movimientos, crear espacios de libertad y dignidad para la vida humana, social y política”.
Su siguiente libro, “Iglesia, carisma y poder” (1981) proponía cambios en la estructura de poder de la Iglesia. Por esta obra fue juzgado en 1984 en Roma por la Congregación para la Doctrina de la Fe y condenado en 1985 a un año de “obsequioso silencio”, así como a la abstención de conceder entrevistas, impartir conferencias y escribir artículos.

Durante los once meses que duró este “exilio verbal” impuesto por el Vaticano, Boff elaboró su siguiente libro, “Y la Iglesia se hace pueblo” (1986), que agudizó aún más las diferencias con Roma.

En 1987 publicó “Trinidad y sociedad” y en 1988 le fue otorgado en Barcelona el Premio Internacional Alfons Comín, por su lucha a favor de los oprimidos. Ese año, Boff, familiarmente conocido en Brasil como fray Leonardo, viajó a China para contactar con las comunidades de fieles cristianos de la Iglesia Patriótica y en 1989 volvió a ser apercibido por el prefecto de la congregación para la Doctrina de la Fe, el entonces cardenal Joseph Ratzinger (actual Papa Benedicto XVI) por su obra “El camino de la Iglesia con los oprimidos”, que había sido publicada en 1980.

En junio de 1991 manifestó en Brasil su apoyo para que la elección de los papas por el consejo de cardenales fuera refrendada por los millones de católicos de todo el mundo, y estuvo en Roma sin conseguir ser recibido en el Vaticano. Tres meses después defendió en Austria la ordenación de mujeres como sacerdotes.

En abril de 1992 dirigió una carta al general de los franciscanos, Hermann Schalueck, en la que mostraba su amargura por los continuos enfrentamientos con el Vaticano. Entre otras cosas, la misiva decía: “han conseguido matarme la esperanza, lo que es peor que perder la Fe. Yo desisto. El Gobierno General y el ex-Santo Oficio han vencido”.

Días después, en mayo, era destituido como redactor jefe de la revista católica “Voces”, en la que colaboraba desde 1970. La decisión fue tomada a petición del ministro general de los franciscanos -orden a la que pertenece la revista-. Ese mismo mes, Boff decidió apartarse por un año de la cátedra universitaria para dedicarse a estudiar y escribir sobre religión y ciencias sociales.

En abril de 1992, y ante las dificultades puestas por la Archidiócesis de Sao Paulo a la publicación de su obra “América Latina: de la conquista a la nueva evangelización”, anunció su propósito de publicar el libro en una editorial no religiosa y, por tanto, eludiendo el control previo sobre sus escritos impuesto por el Vaticano.

El 28 de junio de 1992, en una carta publicada por el diario “Folha de Sao Paulo”, Boff anunció su renuncia al sacerdocio, al tiempo que denunciaba la “incansable persecución” a la que le venía sometiendo Roma y calificaba el poder de la Iglesia de “cruel y despiadado”. “Dejo -explicaba- el Ministerio presbiterial, pero no la Iglesia. Me aparto de la orden franciscana, pero no del sueño fraternal de San Francisco de Asís”.

Un mes antes, había pedido la salida de la orden de los franciscanos y dejado el convento en Petropolis, donde vivía, para residir en un apartamento de la capital carioca. Y desde 1993 es profesor de Ética, Filosofía de la Religión y Ecología en la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ).

Boff, que siempre se definió como teólogo de la Liberación, es en la actualidad máximo representante en América Latina de la Teología de la Ecología, que él entiende como ampliación de la teología de la Liberación y como “la defensa del Planeta y la cuestión de la paz entre los pueblos”.

En diversas ocasiones ha criticado el genocidio de la Iglesia en América Latina, el autoritarismo de la jerarquía católica y la postura de la Iglesia en temas como la homosexualidad.

Leonardo Boff es autor de más de 60 libros, la mayoría de los cuales han sido traducidos a distintos idiomas. Su obra “El águila y la gallina: una metáfora de la condición humana” (1998) estuvo durante un año en la lista de libros más vendidos en Brasil. En España la primera edición se agotó en un mes.

Es doctor “honoris causa” por la Universidad de Turín (Italia) y en Teología por la Universidad de Lund (Suiza).


Habla inglés, francés, italiano y alemán, y viaja por todo el mundo ofreciendo conferencias.

Ha sido galardonado con varios premios por su lucha a favor de los marginados, y de los Derechos Humanos. En 2001 recibió el Premio al Correcto Modo de Vida, también llamado “Nobel Alternativo”.

Ha sido asesor de movimientos sociales como el Movimiento de los Sin Tierra (MST) o las Comunidades Eclesiales de Base (CEB), y es miembro de la Comisión Internacional de la Carta de la Tierra.


Comparte su vida con Marcia Monteiro da Silva y tienen su residencia en una casa de campo en plena naturaleza de Petrópolis. Marcia, comprometida con las comunidades religiosas de base, es madre de seis hijos de un anterior matrimonio.
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Leonardo Boff: Benedicto XVI y la utopía Brasil

En unas horas llegará a Brasil el Papa Bemedicto XVI, en una visita pastoral de cinco días en lo que debiera ser una fiesta del catolicismo, pero que está deslucida por la censura impuesta por el Vaticano -hace unos meses- contra el teólogo brasileño Leonatdo Boff considerado uno de los padres de la Teología de la Liberación y uno de los más apreciados por la iglesia católica de su pais. Y como en esta visita, Boff no tendrá mucho espacio para dar su punto de vista, he creído conveniente postear el último artículo escrito por él y que precisamente trata sobre la presencia de su Santidad en América Latina.


Papa Benedicto XVI

Benedicto XVI y la utopía Brasil
2007-05-04

Dentro de poco llegará a Brasil el Papa Benedicto XVI. Todos están ansiosos por conocer el mensaje que va a traernos. Sabemos que todo punto de vista es la vista desde un punto, por más oficial que éste sea. Permite la visión de ciertas realidades, pero también encubre otras, por la propia naturaleza de lo que es un punto de vista.
Normalmente en el Vaticano predomina el punto de vista institucional. En éste ocupa un puesto central el poder sagrado, la disciplina y el orden, necesarios a un organismo mundial como es la Iglesia Católica romana. Y junto a ellos vienen la obediencia y la voluntad de adhesión cordial. Pero no es menos importante la comunidad cristiana y la vida concreta de los fieles. Aquí es donde se cree en el dinamismo intrínseco de los procesos orgánicos en los cuales surgen desafíos que piden respuestas por parte de la fe. Respuestas que presuponen libertad y creatividad para que sean adecuadas y también actuales. Se trata, por tanto, de un proceso que va más allá de la lógica de la disciplina y del orden. ¿Podrá Benedicto XVI asumir los dos puntos de vista y producir un discurso de sabiduría?
No es imposible, porque lo extraordinario de la Iglesia Católica es que se entiende a sí misma como edificada sobre dos pilares, el de Pedro y el de Pablo. Pedro representa la institución, el poder de las llaves, el orden y la disciplina, en una palabra, la continuidad. Pablo significa la creatividad y el coraje para lo nuevo, en una palabra, la ruptura. La base petrina y la base paulina son igualmente importantes. La sabiduría está en armonizar estas dos energías de tal forma que pueda darse lo nuevo sin amenazar la continuidad, al contrario, enriqueciéndola. Hay momentos en que debe prevalecer la continuidad; hay otros en que debe fortalecerse la novedad. ¿Cuál de estas perspectivas irá a privilegiar Benedicto XVI en su visita a Brasil?
Mi modesta valoración es que necesitamos urgentemente de la dimensión paulina, del carisma innovador para hacer frente a los graves problemas internos y externos que la Iglesia Católica encara. Internos, la emigración creciente de católicos hacia otras iglesias de carácter popular y carismático, derivada posiblemente de la propia estructura centralizada de la Iglesia. Tenemos 125 millones de católicos que necesitarían por lo menos 100.000 sacerdotes, pero tenemos sólo 18 mil, muchos de ellos extranjeros. Esto crea necesariamente un vacío que es llenado por otras iglesias. Problemas externos: la profunda desigualdad que estigmatiza nuestra sociedad. ¿Cómo ayuda la fe articulada con la justicia en las trasformaciones necesarias? Ojalá el papa estime esta línea de actuación.
Nos daríamos por más que satisfechos si de las muchas palabras que el papa nos diga, reforzase éstas que nos vienen de un maestro marxista y ateo ético Oscar Niemeyer, el creador de Brasilia: «lo fundamental es reconocer que la vida es injusta y sólo dándonos la mano como hermanos y hermanas podemos vivirla mejor». Estas palabras resumen el mensaje de amor de Jesús. Hacemos también nuestras las palabras de otro maestro, también marxista y ateo ético, Darcy Ribeiro, nuestro mayor antropólogo, con ocasión de la visita de Juan Pablo II a Brasil: «Venga a nosotros, Pastor de las Gentes, para que juntos construyamos un sencillo paraíso en el que todos coman todos los días, mueran decentemente, estudien la primaria completa, sean atendidos en sus dolores mayores, tengan un empleo permanente, por humilde que sea, y no mueran de desamparo en la vejez. Escuche, Santo Padre, el clamor del pueblo que lo aclama. Bendiga a esta católica cristiandad neolatina de ultramar, vestida de las carnes morenas de negros e indios. Es el Pueblo de Dios que sólo pide la utopía: el sencillo paraíso terrenal del Espíritu Santo».

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Leonardo Boff, un innovador que nos señala la utopía

Ayer estuve en una charla de Leonardo Boff en el municipio ecológico de Amayuelas (Palencia). Me emocione. Más allá de sus palabras estaba su presencia, la de un hombre sabio y experimentado de la vida.

No me queda la menor duda de que Leonardo Boff es un innovador cultural. De hecho, siento que todos nuestros intelectuales son grandes innovadores que mueven el mundo con sus ideas. Y esa mirada de Leonardo, profunda y curtida por la lucha cotidiana de crear sentido a su alrededor … me toco profundo.

Como muchos innovadores, Leonardo Boff es un personaje polémico, y eso me encanta. Trabaja en los margenes del sistema aportando ideas conciliadoras, mientras suelta palabras duras contra estas formas de pensar que tenemos, tan ancladas en ideas repetitivas y degradadoras de la persona y del medio ambiente. Y lo hace con amor, desde el corazón, deseando despertar en todos nosotros esa ética y esa integridad que nos hacen humanos. Esta es una cita de la introducción a su página web:

“Hoy nos encontramos en una nueva fase de la humanidad. Todos estamos regresando a nuestra casa común, la Tierra: los pueblos, las sociedades, las culturas y las religiones. Intercambiando experiencias y valores, todos nos enriquecemos y nos completamos mutuamente. (…)

(…) Vamos a reír, a llorar y a aprender. Aprender especialmente cómo casar Cielo y Tierra, es decir, cómo combinar lo cotidiano con lo sorprendente, la inmanencia opaca de los días con la trascendencia radiante del espíritu, la vida en plena libertad con la muerte simbolizada como un unirse a los antepasados, la felicidad discreta de este mundo con la gran promesa de la eternidad. Y al final habremos descubierto mil razones para vivir más y mejor, todos juntos, como una gran familia, en la misma Aldea Común, bella y generosa, el planeta Tierra.

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Leonardo Boff; teologo y escritor, exponente de la Teologìa de la Liberaciòn critica al Vaticano



Célebre exponente de la Teología de la Liberación propone al Vaticano “abrir un diálogo amplio y ecuménico”.

Sao Paulo. AP.
El Papa Benedicto XVI inicia hoy una gira por Brasil, cuna de la rebelde Teología de la Liberación.
Leonardo Boff, teólogo rebelde brasileño y exponente de la Teología de la Liberación que dejó los hábitos, afirma que la Iglesia que representa el papa Benedicto XVI es “autoritaria, medieval e insensible a los derechos democráticos”.

Poco antes de la visita del pontífice a Brasil, Boff calificó la Iglesia conducida por el ex guardián de la ortodoxia como “uno de los últimos bastiones del conservadurismo, el patriarcalismo y el autoritarismo”.

El teólogo agregó que el Papa “no se da cuenta de que más de la mitad de la Iglesia vive en el Tercer Mundo, cuyos hijos dan un rostro nuevo al cristianismo”.

No se renueva

En cuanto a la pérdida de fieles, una de las principales preocupaciones de Benedicto XVI, Boff dijo que la causa principal es que la Iglesia católica “no se renueva internamente, no crea espacios de participación”.

Para evitar esa fuga de fieles, Boff propuso “abrir un diálogo amplio, ecuménico, reconociendo a las otras iglesias como hermanas” y crear una Iglesia “que encarne las culturas locales, la cultura de los negros, la cultura de los indígenas, las culturas periféricas, para que el pueblo participe con su visión encantada de la realidad y que las personas entren en la Iglesia y no que la Iglesia esté detrás de ellas”.

El brasileño se manifestó escéptico de que el Papa afloje la rigidez que atribuyó a su conducción: “no es portador de un mensaje que suscite esperanza”, sentenció. Agregó que el de Benedicto XVI “es un papado de transición… no ha presentado ninguna iniciativa, es una Iglesia que se construye para adentro. Este Papa no es carismático, sino un profesor, un erudito, con un problema de comunicación”.

“Creo que el Papa, más que tradicionalista es nostálgico”, dijo. “Este Papa no es para una Iglesia de grandes números sino de un pequeño número calificado. No es una Iglesia abierta como creo era la comunidad de Jesús, abierta, sin ninguna discriminación”.

Claves

IGLESIA ELITISTA. Leonardo Boff fue condenado al silencio en 1985 por dar a su mensaje religioso un fuerte contenido político y por criticar a la Iglesia de Juan Pablo II por “elitista”.

INQUISICIÓN. En ese entonces Joseph Ratzinger –hoy papa Benedicto– era el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, guardiana de la pureza doctrinaria y heredera de la Santa Inquisición.
9 mayo 2007.

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Thursday, March 29, 2007

Leonardo Boff analiza el discurso del Papa a Brasil y alude a sus “silencios reveladores”

Desde la perspectiva del entusiasmo popular, podemos decir que la visita del Papa a Brasil fue un gran éxito.

¿Qué modelo de catolicismo promueve el Papa? Es notorio que en Brasil persisten dos tipos de catolicismo: el devocional y el del compromiso ético. El primero tiene un cuño popular centrado en la devoción de los santos, la oración y los peregrinajes, y hoy, en su forma moderna, en la dramatización mediática con fuerte contenido emocional.

El catolicismo del compromiso ético se inspira en la acción católica y en las pastorales sociales y culmina con la teología de la liberación.Este modelo requiere mediaciones socioanalíticas porque está interesado, desde su perspectiva espiritual, en la transformación social.

¿Cuál de ellos es el más apropiado para una nación que debe revisar su antihistoria, heredada del colonialismo, del etnocidio indígena, del esclavismo y de la moderna dependencia de los centros metropolitanos?

La respuesta depende del nivel de conciencia alcanzado por los católicos. Yo creo que el catolicismo devocional no tiene potencialidad de transformación social, por estar volcado sobre sí mismo; mientras que el otro articula constantemente fe, justicia y evangelio con compromiso de liberación.

Vistas desde este enfoque, las intervenciones del Papa fueron in crescendo hasta hacerse explícitas en el encuentro con los obispos en Aparecida. Al comienzo, procuró mantenerse equidistante entre los dos modelos, pero terminó reforzando el devocional, ya que las aperturas a lo social fueron más esbozadas que afirmadas.

Hay en Benedicto XVI un tono fundamentalista cuando habla de la centralidad de Cristo hasta en los asuntos sociales que, seguramente, dificultará el diálogo interreligioso.

Lo que el Papa dijo sobre la primera evangelización en Brasil, como un encuentro de culturas y no una imposición y alienación no se sustenta históricamente. No olvidemos el testimonio del texto sacro maya, el Chilam Balam: “Entre nosotros se introdujo la tristeza, se introdujo el cristianismo, el principio de nuestra tristeza y de nuestra esclavitud; vinieron a matar nuestra flor, a castrar el sol”.

Condenar como “utopía y retroceso” la voluntad de rescatar tales religiones, con su sabiduría ancestral, equivale a un insulto a los indígenas y un desaliento a los esfuerzos de tantos misionarios que apoyan estas iniciativas.

Es teológicamente frágil la tesis de que Dios es explícitamente imprescindible para construir una sociedad justa. Lo que hace falta es un consenso ético y una apertura a la trascendencia, dejando abierta la definición del contenido, como sucede en los Estados modernos. Estas insuficiencias teóricas hacen que el discurso papal se deslice hacia el moralismo y el espiritualismo.

Y melancólicamente repite la cantilena: no a los contraceptivos, no al divorcio, no a los homosexuales, no a la modernidad, sí a la familia tradicional, sí a una rígida moral sexual, sí a la disciplina.

Estos discursos expresan una “razón indolente”, categoría analítica creada por el pensador portugués Boaventura de Sousa Santos. Indolente es la razón que no capta los desafíos relevantes del presente y desaprovecha las buenas experiencias del pasado.

Hay silencios significativos en los discursos del Papa: sólo una vez se refirió a las comunidades de base, una vez a la opción por los pobres, una vez a la liberación, nunca a la teología de liberación y a las pastorales sociales, nunca al gravísimo problema del calentamiento global. En cambio, retrocede a los años 50 del siglo pasado con el discurso tradicional y ambiguo de la caridad y la asistencia a los pobres. Esos silencios son una forma de negar y ocultar.

La razón indolente, propia de grandes instituciones como la Iglesia, es un modo de razón miope que se concentra en lo cercano y descuida lo lejano, o de una razón prejuiciosa que no busca caminos nuevos y siempre vuelve a los antiguos, o una razón arrogante, cuando insiste en la Iglesia como la única verdadera, o de una razón antiutópica, por no suscitar un horizonte de esperanza y por creer que el futuro es la mera prolongación del presente.

El Papa no advierte los nuevos temas centrales, que tienen que ver con la discusión sobre la misión de la Iglesia en sí misma, sino con el futuro de la Tierra y de la humanidad y con examinar en qué medida la misión del catolicismo puede ayudar a asegurar el porvenir, sin el cual nada se sustenta.

El catolicismo brasileño y latinoamericano, para estar a la altura de los tiempos actuales, exige el coraje que tuvieron los primeros cristianos: abandonaron el suelo cultural judaico de Jesús y se insertaron en el suelo pagano helenista.

Necesitamos ahora un catolicismo de rostro indio-negro-latinoamericano que no esté en contra del romano, sino en comunión con él.

Leonardo Boff, teólogo brasileño que participó en el movimiento Teología para la Liberación, en su artículo “Los silencios reveladores de Benedicto XVI” en el diario la Nación de Buenos Aires, viernes 18 de mayo de 2007

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Monday, December 25, 2006

Leonardo Boff

Fundamentalismo mundial
(Hika, 151 zka. 2004ko urtarrila)

 Tres tipos de fundamentalismo dominan la escena mundial: el del pensamiento único representado por la globalización imperante, el suicida de los musulmanes, cuyo principal representante es Bin Laden, y el del Estado terrorista de la guerra preventiva, encarnado por Bush y por Sharon.

Como se conoce, el fundamentalismo no es una doctrina sino una manera excluyente de ver la doctrina. El fundamentalista está absolutamente convencido de que su doctrina es la única verdadera y todas las demás, falsas. Por eso ellas no tienen cabida, pueden y deber ser combatidas.

El fundamentalismo del pensamiento único expresa el modo de producción capitalista con su mercado globalizado y la ideología política del neoliberalismo con su democracia electoral y delegativa como la única forma razonable de organizar el mundo. Lo que Bush quiere imponer por su cuenta propia al Irak destrozado revela ese fundamentalismo.

El fundamentalismo suicida musulmán parte de la convicción de que Occidente, enemigo histórico desde los tiempos de las cruzadas, es el Gran Satán, porque es ateo práctico, materialista, imperialista y sexista. Por eso, debe ser combatido en todos los frentes y provocar el mayor número de victimas que se pueda con la bendición del Altísimo. Son tan únicos y convencidos que aceptan jovialmente ser hombres bomba.

El fundamentalismo de Estado terrorista a lo Sharon es movido por la convicción de que los judíos tienen derecho de montar, encima de cualquier otro derecho de los palestinos, un Israel del tamaño que tenía en los tiempos del Rey David. Por eso Sharon prosigue con las colonizaciones y en tanto no se realice ese propósito boicoteará cualquier proyecto de paz.

El fundamentalismo de Estado terrorista a lo Bush tiene fuertes raíces religiosas, ligadas a su biografía pasada. Fue por 20 años dependiente del alcohol hasta que en 1984, a invitación de un amigo, Don Evans, actual secretario de comercio, comenzó a frecuentar el círculo bíblico de los evangélicos fundamentalistas. Después de dos años ya no era más ebrio de alcohol sino ebrio de la ideología salvacionista de estos fundamentalistas que se divulgaba fuertemente dentro del partido republicano. Según él, “el destino manifiesto” de Estados Unidos hoy es mejorar el mundo en la medida en que lo impregna con los valores de la cultura norteamericana: con libertad, democracia y libre mercado. Bush hijo hace la campaña de reelección del padre presentándose como “un hombre que tiene Jesús en su corazón”.

El brasilianista Ralph della Cava y el teólogo J. Stam cuentan que más tarde, al postularse como candidato, Bush reunió a los pastores de la zona y les comunicó: “fui llamado (por Dios)”. Enseguida se hizo el ritual “de la imposición de las manos”, consagrándole Presidente preventivo.

Esta pre-historia es importante para entender la furia fundamentalista que se apoderó de Bush después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Optó por combatir el mal con el mal, amenazando con guerra preventiva a todos los países del “eje del mal”. Dejó claro: “Quien no está con nosotros, está contra nosotros”, es terrorista. Antes del ultimátum a Saddam Hussein pidió a los asesores que “lo dejasen a solas por diez minutos”. Cual Moisés fue a consultar con Dios. En una entrevista con el New York Times de 26/04/03 declaró: “Tengo una misión que realizar y arrodillado pido al buen Señor que me ayude a cumplirla con sabiduría”. ¡Pobre Dios¡ ¿Cómo salvaremos a la humanidad de estos exaltados?

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08-Septiembre-2006    Sergio Ferrari

Difícil imaginar que a sus 67 años y con toda una exuberante historia personal de reflexión y práctica haga concesiones. Ni a la situación política brasilera, ni a la gestión de su amigo Lula, ni a las limitaciones propias de un tibio proceso de reformas en marcha. Leonardo Boff, teólogo franciscano y militante social desde décadas, tampoco reduce su mirada a las fronteras de Brasil.

Para él, en su visión global del hombre y la naturaleza, todo tiene su lugar y su importancia. Desde cada paso de la construcción cotidiana del movimiento popular, hasta la denuncia de un sistema mundial hegemónico que conduce irremediablemente a la autodestrucción del planeta. Y no duda, incluso, en lanzar un grito de alarma: “¿No habrá acaso llegado el momento de desaparecer y dejar la tierra libre de ese cáncer que somos nosotros?”

“LULA: ¿UNA OPORTUNIDAD DESPERDICIADA?”

P: Casi ya cuatro años del gobierno Lula, con las próximas elecciones presidenciales en vista…. ¿Qué deja esta experiencia?

R: Fui uno de los más entusiastas cuando se dio la elección de Lula. Escribí más de diez artículos sobre la revolución brasileña que sería inaugurada por él. Fue mi ilusión y desilusión. Tuve que confrontarme al “realismo” de la política de lo posible en el cuadro histórico en que se mueve la sociedad brasileña.
Nunca hay que olvidar que estamos sentados sobre el pasado colonial; sobre el genocidio de los indígenas -eran seis millones cuando vinieron los portugueses, hoy son apenas ochocientos mil-; sobre el esclavismo (doce millones de negros fueron arrancados violentamente de África y traídos a Brasil y hoy son sesenta millones de afro descendientes); y sobre una elite que tiene, según datos del Banco Mundial, los más altos niveles de acumulación del mundo. Un rico común en Brasil es mucho más rico que un inglés o un norteamericano. Al lado de todo esto, existe una masa enorme de “empobrecidos” que sólo a partir de la mitad del siglo pasado logró organizarse en movimientos sociales y sindicatos libres, que fueron acompañados por sectores importantes de la Iglesia Católica. Que inventó y promovió las comunidades de base y las pastorales sociales de la tierra, techo, salud, educación, derechos de los pobres y otras iniciativas similares.
Cambiar esta realidad histórica tan condicionante exigiría una revolución. Lula, a mi juicio, no tenía la consciencia suficientemente clara de su misión histórica. Su preocupación inicial fue la de salvar al país de un desastre económico inminente en detrimento de las grandes reformas estructurales que podrían, éstas sí, salvar la nación del desastre. Se desperdició una oportunidad. Él pertenece a la parte más izquierda del sistema imperante, pero no deja de ser un elemento del sistema.
Por eso los grandes organismos económicos mundiales y los principales Jefes de Estado están tan felices con él. Se pospuso la tan temida revolución desde la periferia…

“SE DESCOLGÓ DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES”

P: ¿Esta reflexión implica un balance más negativo que positivo?

R: A pesar de estos límites, Lula ha hecho lo que ningún gobierno antes había intentado: dar mucho más énfasis a los temas sociales. En esa esfera, de hecho, el Gobierno fue innovador con la “Bolsa de Familia”; “Luz para todos”; el apoyo a la agricultura familiar y otros proyectos sociales. Con estos planes se han beneficiado cerca de once millones de familias lo que equivale a unas cuarenta millones de personas. Pero hay que ver este avance en el contexto de la política global. Mientras transfiere diez mil millones de reales - un dólar equivale a 2,12 reales- a los proyectos sociales, otorga ciento cuarenta mil millones de reales al sistema financiero que le presta el dinero necesario para llevar adelante su política y le permite pagar las cuentas gubernamentales. Esta contradicción es dolorosa y muestra como la macroeconomía neoliberal sigue chupando la sangre del pueblo, mientras selectivamente atiende sólo las exigencias de una pequeña porción de la población. Así los operadores de la macroeconomía tranquilizan su mala conciencia, y al mismo tiempo Lula se muestra fiel a algunas raíces de su biografía personal.

P: Saliendo del plano estrictamente brasilero y teniendo en cuenta las enormes expectativas que el Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) creó en amplios sectores del continente… ¿En qué medida una experiencia de esta naturaleza fortalece o debilita al movimiento social en su conjunto, en sus apuestas estratégicas de cambio?

R: A mi juicio, una de las limitaciones del Gobierno Lula fue descolgarse de los movimientos sociales que eran su base real de sustentación y apoyo. Prefirió optar por una base de apoyo parlamentaria articulada con partidos que no tenían nada que ver con el ideario del PT. Hay que reconocer que Lula no criminalizó a los movimientos sociales como se hacía sistemáticamente antes, aunque no les dio la importancia que les correspondía porque consideraba que ya estaban de su lado. Entre ellos hay mucha decepción y hasta rabia. Pero tienen inteligencia política. Dicen: “Lula es nuestro, viene de nuestro lado, conoce nuestras tribulaciones”. Por más errores que haya cometido no vamos a entregarlo a la burguesía. Al revés, vamos a presionarlo para que se reconvierta a sus antiguos sueños y como el hijo pródigo del Evangelio redescubra el camino de vuelta hacia los movimientos sociales. Votarán por Lula pero con el propósito de cobrarle las antiguas promesas y de algún modo, atenuar o cambiar la propuesta macroeconómica del Gobierno.


“A LULA LE FALTO VALENTÍA”

P: Un balance tan mitigado de la parte de los actores y movimientos sociales, nos confrontan a la pregunta de fondo sobre la viabilidad de cambios profundos en Latinoamérica el marco de un sistema de democracia formal parlamentaria…

R: Objetivamente lo que se necesita es una revolución. Pero sabemos que el tiempo de las revoluciones clásicas ha pasado. Es decir, la revolución posible en el cuadro globalizado de la política mundial bajo el imperio norteamericano implica meter, lentamente, cuñas en las brechas del sistema. Esto lo ha entendido el presidente de Argentina Néstor Kirchner. No ha dicho al sistema financiero mundial y a Bush: “no voy a pagar la deuda”. Lo que constituiría un atentado contra el sistema y su lógica. Ha dicho: “yo pago. Pero por cada dólar pagaré solamente diez centavos”. Y tuvieron que contentarse con esto. Lula tenía mucha más autoridad moral para hacer algo parecido y quizás, incluso, más radical. Pero le faltó valentía, la capacidad de captar la potencialidad de una situación y actuar en correlato con determinación. Fue otra ocasión desperdiciada. Ahora tenemos que contentarnos con reformas que alivian los problemas, perpetuándolos, sin cambiar la estructura de base, lo que significaría una revolución o el comienzo de la misma.

“JUAN PABLO II DECAPITÓ A LOS PROFETAS”

P: ¿Los teólogos progresistas, la iglesia de avanzada, tienen en esta etapa una palabra/reflexión profética para relanzar la esperanza en Brasil? ¿Qué habría realmente que inventar en esta etapa para alentar la esperanza?

R: La actuación conservadora del Papa Juan Pablo II ha decapitado a los profetas. Para la política en América Latina, es decir, para la práctica de la Iglesia en la sociedad y su enraizamiento popular, ese papado fue un flagelo. Otra cosa hubiera sido si el Papa hubiera tenido una mínima iluminación espiritual y una sensibilidad pastoral hacia la pasión dolorosa del pueblo latinoamericano, cristiano y explotado. Si hubiera apoyado a las comunidades eclesiales de base - y la dimensión liberadora de la fe con su reflexión llamada teología de la liberación-, sustentándolas en las conferencias nacionales de obispos en vez de someterlas a pesada vigilancia llevándolas hasta, en algunos casos, a una verdadera desmoralización. Si todo hubiera sido de otra manera, diversa sería la situación política de América Latina. Su ceguera anticomunista le ha impedido ver lo nuevo que nacía en esta parte del continente que no tenía nada a ver con el marxismo pero sí mucho que ver con una alternativa viable al capitalismo salvaje imperante. Por lo tanto, otra ocasión desperdiciada. Vivimos en los últimos veinte años pérdidas irreparables y un invierno espiritual implacable. Recién comenzamos a rehacernos. Surgen algunos profetas y se reaniman las comunidades, no por contar con el apoyo de Roma, sino por que quieren dar una respuesta apropiada, desde el Evangelio, a la miseria a la que están sometidos tantos millones de seres humanos.

P: La experiencia brasilera actual nos indica un cierto agotamiento de las formas tradiciones de hacer política. O de la política como mecanismo “tradicional”. ¿Desde dónde habría que destrabar y superar este freno?

R: Es voz corriente que la forma de representación social mediante los partidos está absolutamente obsoleta. Es engañadora y permite la reproducción de las condiciones de desigualdad y de injusticia social. La convicción que crece en los movimientos sociales como los “Sin Tierra”, que acompaño, es que este tipo de democracia es buena para mantener la situación, pero inadecuada para hacer los cambios necesarios que respondan a las demandas fundamentales del pueblo. Lo que se está pensando es dar un carácter político a los movimientos sociales que hasta ahora tenían apenas un perfil social. Es decir, transformar el poder social acumulado en un poder político por encima de los partidos o atravesando los partidos; creando articulaciones con sectores de partidos que se propongan cambios sustanciales en la sociedad. Esta iniciativa está madurando en varios movimientos sociales en Brasil y ya se están articulando en este sentido para,
eventualmente, hacer su aparición oficial aún en estas elecciones presidenciales de octubre. Yo no sé cual es el camino. Pero estoy convencido que el mismo se hace caminando.

“O CAMBIAMOS O MORIMOS COMO ESPECIE”

P: Al mismo tiempo que “se desperdician oportunidades”, los grandes poderes económicos no dudan ni un segundo. Las grandes empresas transnacionales avanzan, masacran especies y biodiversidad. ¿No es casi dramática esta complementación entre gestión política decepcionante y destrucción abusiva cotidiana del planeta?

R: Este es un tema que me ha ocupado bastante en los últimos años, escribiendo, hablando, intentando influenciar políticamente sectores del Gobierno Lula. A excepción de la Ministra del Medio Ambiente, Marina Silva, que piensa como nosotros, este discurso es considerado como de locos en una sociedad pretendidamente de bien pensantes. Todos hablan de crecimiento. Lula es el que más habla. Todos los administradores del mundo, desde los Gobiernos hasta las corporaciones más sencillas se proponen crecer más y más. Infeliz del país que no presente porcentajes importantes de crecimiento cada año. Pero este objetivo es suicida. La Tierra no aguanta el tipo de producción y consumo que supone y que propone explotar sistemáticamente todos los recursos disponibles de la naturaleza. China e India van a hundir la humanidad, por que son como una esponja que chupa todos los recursos posibles del planeta. Y ambos tienen una clase media de
trescientos millones de personas -equivalente a toda población de Europa- que quiere consumir a la occidental. Esta lógica nos lleva al abismo. No soy yo quien lo dice. Sino los grandes nombres de la ecología, de la astrofísica como el astrónomo inglés Martin Rees, en su libro “La hora final”, o el promotor de la teoría Gaia, James Lovelock, en su reciente libro “La venganza de Gaia”. Ellos nos anuncian escenarios dramáticos para los próximos años. Estoy convencido de la teoría que dice que el ser humano no aprende nada de la historia pero que aprende todo del sufrimiento. Esto es trágico pero parece ser el camino infalible del aprendizaje. O cambiamos, o morimos como especie.

P: La tierra en crisis, amenazada por un sistema. ¿De dónde vendrán las fuerzas para poder estructurar una propuesta alternativa diferente para frenar esa tendencia?

R: Pienso que la crisis es tan global que ya no funcionan políticas convencionales ni extraordinarias. Solamente una coalición de fuerzas basadas en una ética mínima fundamental, en otros valores que pongan la vida, la Tierra, la humanidad y la naturaleza en el centro. Esta coalición podrá ofrecer una alternativa que nos pueda salvar. Cada año desaparecen, naturalmente, en el proceso de la evolución, trescientas especies de seres vivos. Con la agresión sistemática de los humanos desaparecen cerca de tres mil. Esto equivale a una verdadera devastación. Pregunto: ¿será que no ha llegado el momento de desaparecer y dejar la tierra libre de este cáncer que somos nosotros y permitir que siga el proceso de la evolución con la aparición de otras formas de vida y con otro sentido de cooperación de todos con todos? Ya que el espíritu y la conciencia están primero en el cosmos y solamente después en nosotros, esta desaparición de la especie humana no sería una tragedia absoluta. Dentro del proceso de la evolución, el principio de inteligibilidad y amor reaparecerían en seres complejos y de un orden más alto. Espero que con mas compasión y ternura que nuestra especie…

P: Sigue siendo la vida de la tierra uno de tus temas principales de reflexión… ¿Se sigue sintiendo sobre todo teólogo o “simple enfermero” de la Pachamama?

R: Las religiones pueden tener una función pedagógica muy grande en le proceso de respeto, salvaguardia y veneración de lo creado. Todas ellas dan centralidad a la vida. Más que hablar de naturaleza, hablan de creación que salió de las manos del Creador. Ellas pueden educar a las personas a cuidar de esta herencia que nos fue entregada por Dios. Debemos comprendernos, y esto está en el capítulo segundo del Génesis - como jardineros y cuidadores del Jardín del Edén. Esta es nuestra misión: cuidar, regenerar lo dañado y permitir que todos puedan convivir. Mejor aún: no permitir que la selección natural que privilegia los más aptos y fuertes prevalezca en el proceso de evolución. Nuestra misión debe ser la de salvar los débiles, permitir que sigan dentro del proceso que ya tiene por lo menos 13 mil millones de años de existencia. El propósito de la evolución no se resume en privilegiar a los más fuertes, sino en permitir que cada ser, también los débiles, muestren nuevas posibilidades de la naturaleza, revelen dimensiones nuevas que vienen del Abismo alimentador del Todo (el vacío cuántico como lo llaman los cosmólogos) y que yo prefiero llamar la Fuente originaria de todo el ser, en una palabra, la reverencia o Dios.

*Colaboración E-CHANGER,
ONG de cooperación solidaria

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La vida y la muerte según Boff

“Yo acepto la vida y la muerte como dimensiones del proceso de la evolución. Todos somos mortales no por defecto sino por marca evolutiva. Pero hay que entender bien la muerte. Ella es una invención inteligente de la vida para que cada uno pueda progresar, pasar a niveles más altos de complejidad y de comunicación. No nacemos para morir. Morimos para vivir más y mejor. En lenguaje cristiano: morimos para resucitar. Desde que irrumpió en el proceso de la evolución, en nuestra galaxia, en nuestro sistema solar y en la Tierra, la conciencia y la capacidad de percibir un hilo conductor que liga y religa a todas las cosas; desde que surgió la percepción de que hay una Energía originaria por detrás de todos los movimientos y un Espíritu que a todo preside; alcanzamos un punto altísimo en el proceso global. Los humanos lo denominan Dios, Javé, Tao, Olorum, Krishna y otros mil nombres a esta realidad. Se han curvado con reverencia y profunda veneración delante de ella. Por eso a mi juicio el próximo paso para nosotros humanos es morir para encontrarse con esta Suprema Realidad, hecha de amor, enternecimiento y compasión. Ella nos espera y cuando llegaremos seguramente nos dirá: ‘Caramba, hijito mío, hijita mía, ¡cómo tardaste en llegar! Tenía una infinita nostalgia de vosotros. Finalmente llegasteis. Vamos a convivir para siempre, de eternidad a eternidad’. Y nos cubrirá de besos y abrazos. Cada uno estará contento y feliz como quien está en el seno del Padre y de la Madre de infinita bondad.” (Sergio Ferrari)

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¿QUÉ HABÍA ANTES DEL ANTES? Leonardo Boff

Koinonía

Gran parte de la comunidad científica considera como dato seguro que el universo y nosotros mismos venimos de una inconmensurable explosión -big bang- ocurrida hace cerca de 13.700 millones de años. Existe un último fósil de ese evento, verificado por la ciencia. En 1965 dos técnicos estadounidenses de la Bell Telephone Laboratories de New Jersey, Arno Penzias y Robert Wilson construyeron un aparato de microondas ultrasensible. Al probar el aparato, constataron que en él había un ruido que no podían limpiar. Venía uniformemente de todas las partes del universo, una onda bajísima de tres grados Kelvin.

¿Cuál era el origen de este ruido cósmico de fondo? Ellos y otros astrofísicos constataron que era el último eco de la gran explosión y el resto final que quedaba de la irradiación inicial. Tomando como referencia las galaxias más distantes que se alejan de nosotros a gran velocidad y cuya radiación roja nos está llegando ahora, concluyeron que tal hecho había ocurrido cerca de 13.700 millones de años atrás. Por este descubrimiento, Penzias y Wilson ganaron el premio Nóbel de física en 1978.

Es decir, nuestra edad no es la de nuestro nacimiento sino la del nacimiento del universo hace todos esos miles de millones de años, cuando estábamos potencialmente todos juntos allí con los demás seres del universo. Este dato sería, según algunos, el mayor descubrimiento realizado por la ciencia.

¿Qué había antes del big bang? Los cosmólogos sugieren que lo que había era el vacío cuántico, el estado de energía de fondo del universo, origen de todo lo que existe. Otros lo llaman abismo alimentador de todo ser. Condensación de él sería aquel puntito que primero se hinchó como un balón y después explotó dando origen tal vez, según la teoría de las cuerdas, a otros eventuales mundos paralelos. Pero el vacío cuántico, última realidad alcanzada por la microfísica, es todavía una realidad discernible. Es el antes. Pero ¿qué había antes de ese antes discernible?

En un programa de radio le preguntaron a Penzias qué había antes del big bang y del vacío cuántico. Él respondió: “No lo sabemos, pero razonablemente podemos decir que no había nada”. Inmediatamente llamó una oyente, irritada, acusando a Penzias de ateo. Él sabiamente respondió: “Señora, creo que usted no se ha dado cuenta de las implicaciones de lo que acabo de decir. Antes del big bang no había nada de lo que hoy existe. Si lo hubiera cabría preguntar: ¿de dónde vino?”. Sigue comentando que si había la nada y de repente empezaron a aparecer cosas era señal de que Alguien las había sacado de la nada, y concluye diciendo que su descubrimiento podrá llevar a la superación de la histórica enemistad entre ciencia y religión.

Lo que podemos decir honradamente es que antes del antes había lo Incognoscible, lo Impenetrable, el Misterio. Pues bien, los nombres que las religiones atribuyen a aquello que llaman Dios o Tao, Yavé, Olorum o cualquier otra Entidad, quieren expresar exactamente lo Incognoscible y el Misterio al que se refería Penzias. Por lo tanto “había Dios”. Él no creó el mundo en el tiempo y en el espacio sino con el tiempo y con el espacio.

¿Qué había antes del antes? Ahora podemos balbucear: había la «Realidad» fuera del espacio-tiempo, en el equilibrio absoluto de su movimiento, la Totalidad de simetría perfecta, la Energía infinita y el Amor desbordante. Ni siquiera deberíamos usar tales nombres, pues los nombres surgieron después, cuando ya todo había sido traído a la existencia. Verdaderamente deberíamos callar. Pero como somos seres hablantes, usamos palabras, aunque no dicen nada. Sólo son flechas que apuntan hacia un Misterio.

BoteroAbstracto El arteMucho arteFotos inolvidablesGraficoObras maestrasGaleriasTindayaIsabel IIIndaloCatalanofobiaNacionalismosCatalanNizariesAntikitiraPilas BagdadAnisakis

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Leonardo Boff: “¿Quién manda en el mundo?”
Tortuga Planetaria Miércoles,1ro de febrero de 2006

Extraído de Rebelión

Leonardo Boff
Koinonia

Con la autonomización de la economía y el debilitamiento de los Estados-nación es ilusorio pensar que los presidentes elegidos sean quienes tienen el mando del país. Quien decide los destinos reales del pueblo no es el Presidente. Él es rehén del Ministro de Hacienda y del Presidente del Banco Central que, a su vez, son rehenes del sistema económico-financiero mundial, a cuya lógica se someten. Cuando el Presidente Bush habla a la nación, seguramente mucha gente lo escucha. Cuando habla el presidente de la Reserva Federal (FED) toda la nación se para. Lo que él tenga que decir significa la vida o la muerte de muchos empleos y el destino de empresas.

Los dueños del mundo están a la sombra de los bancos. Son los que controlan los mercados financieros, las tasas de interés, las infovías de comunicación, las tecnologías biogenéticas y las industrias de la información.

Inmensos consorcios privados actúan a nivel planetario. Sin preguntar a nadie y sin ningún tipo de control dilapidan el patrimonio común de la humanidad en beneficio propio. En pocos años deforestaron 800.000 hectáreas de las islas de Borneo, Java, Sumatra y Sulawesi (Célebes). Los incendios proyectaron una humareda del tamaño de medio continente. Esos mismos grupos mancomunados con los nuestros actúan ahora en la selva amazónica. Las leyes de protección ambiental son inoperantes frente al ansia de conseguir dólares, vía exportación, para que el país haga frente a los compromisos de la deuda externa e interna. El agronegocio implica deforestar, liquidar la biodiversidad, homogeneizar la producción en escala.

Esta lógica funciona en el sistema globalizado mundial, creando desigualdades y devastaciones ecológicas allí donde se implanta. Para el 2010 se prevé que las selvas hayan disminuido un 40%. En el 2040 el aumento de los gases de efecto invernadero puede provocar un calentamiento de 1ºC a 2ºC elevando el nivel de las aguas oceánicas de 0,5 a 1,5 metros, afectando a millares de ciudades costeras. Seis millones de hectáreas de tierras fértiles desaparecen al año bajo el efecto de la desertización.

Enfermedades infecciosas de todo tipo viajan a la velocidad de los mercados. El sida en África es una pandemia. La esperanza de vida del África subsahariana ha disminuido 7 años, y en otros países como Uganda, Zimbabwe y Zambia ha retrocedido diez años. El año pasado la producción económica de Kenia por causa del sida cayó un 14,5%. África es un continente abandonado a su propia desgracia, que ni siquiera merece ser explotado. El Papa hace discursos irresponsables.

Si hubiera un poco de humanidad y compasión entre los humanos bastaría con retirar apenas un 4% de las 225 mayores fortunas del mundo para dar comida, agua, salud y educación a toda la humanidad. Estos son datos de la ONU del 2004. En cuanto a esto, todavía mueren de hambre 30 millones de personas y dos mil millones están anémicas.

¿Tendremos tiempo para que la desintegración se muestre creativa? Una leve esperanza se anuncia un poco en todas partes del mundo, en Seattle, en Génova, en Porto Alegre y en los Foros Sociales Mundiales. Ahí surge un anti-poder que pide una nueva justicia planetaria, una tasación significativa de los capitales especulativos, la introducción de una renta de existencia para todos los habitantes de la Tierra (no para que subsistan sino simplemente porque existen), la aplicación rigurosa de la ética de la precaución y del cuidado en las cuestiones ambientales. Esperanzas. Que tengan la fuerza de la semilla.

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“Lula: ¿una oportunidad desperdiciada?”. Entrevista con Leonardo Boff
Por Sergio Ferrari *

Lula, a mi juicio, no tenía la consciencia suficientemente clara de su misión histórica. Su preocupación inicial fue la de salvar al país de un desastre económico inminente en detrimento de las grandes reformas estructurales que podrían, éstas sí, salvar la nación del desastre. El pertenece a la parte más izquierda del sistema imperante, pero no deja de ser un elemento del sistema.

Brasil, cuatro años después…

Difícil imaginar que a sus 67 años y con toda una exuberante historia personal de reflexión y práctica haga concesiones. Ni a la situación política brasilera, ni a la gestión de su amigo Lula, ni a las limitaciones propias de un tibio proceso de reformas en marcha. Leonardo Boff, teólogo franciscano y militante social desde décadas, tampoco reduce su mirada a las fronteras de Brasil. Para él, en su visión global del hombre y la naturaleza, todo tiene su lugar y su importancia. Desde cada paso de la construcción cotidiana del movimiento popular, hasta la denuncia de un sistema mundial hegemónico que conduce irremediablemente a la autodestrucción del planeta. Y no duda, incluso, en lanzar un grito de alarma: “¿No habrá acaso llegado el momento de desaparecer y dejar la tierra libre de ese cáncer que somos nosotros?”

P: Casi ya cuatro años del gobierno Lula, con las próximas elecciones presidenciales en vista…. ¿Qué deja esta experiencia?

R: Fui uno de los más entusiastas cuando se dio la elección de Lula. Escribí más de diez artículos sobre la revolución brasileña que sería inaugurada por él. Fue mi ilusión y desilusión. Tuve que confrontarme al “realismo” de la política de lo posible en el cuadro histórico en que se mueve la sociedad brasileña.
Nunca hay que olvidar que estamos sentados sobre el pasado colonial; sobre el genocidio de los indígenas -eran seis millones cuando vinieron los portugueses, hoy son apenas ochocientos mil-; sobre el esclavismo (doce millones de negros fueron arrancados violentamente de África y traídos a Brasil y hoy son sesenta millones de afro descendientes); y sobre una elite que tiene, según datos del Banco Mundial, los más altos niveles de acumulación del mundo. Un rico común en Brasil es mucho más rico que un inglés o un norteamericano. Al lado de todo esto, existe una masa enorme de “empobrecidos” que sólo a partir de la mitad del siglo pasado logró organizarse en movimientos sociales y sindicatos libres, que fueron acompañados por sectores importantes de la Iglesia Católica. Que inventó y promovió las comunidades de base y las pastorales sociales de la tierra, techo, salud, educación, derechos de los pobres y otras iniciativas similares.
Cambiar esta realidad histórica tan condicionante exigiría una revolución. Lula, a mi juicio, no tenía la consciencia suficientemente clara de su misión histórica. Su preocupación inicial fue la de salvar al país de un desastre económico inminente en detrimento de las grandes reformas estructurales que podrían, éstas sí, salvar la nación del desastre. Se desperdició una oportunidad. Él pertenece a la parte más izquierda del sistema imperante, pero no deja de ser un elemento del sistema.
Por eso los grandes organismos económicos mundiales y los principales Jefes de Estado están tan felices con él. Se pospuso la tan temida revolución desde la periferia…

“Se descolgó de los movimientos sociales”

P: ¿Esta reflexión implica un balance más negativo que positivo?

R: A pesar de estos límites, Lula ha hecho lo que ningún gobierno antes había intentado: dar mucho más énfasis a los temas sociales. En esa esfera, de hecho, el Gobierno fue innovador con la “Bolsa de Familia”; “Luz para todos”; el apoyo a la agricultura familiar y otros proyectos sociales. Con estos planes se han beneficiado cerca de once millones de familias lo que equivale a unas cuarenta millones de personas. Pero hay que ver este avance en el contexto de la política global. Mientras transfiere diez mil millones de reales - un dólar equivale a 2,12 reales- a los proyectos sociales, otorga ciento cuarenta mil millones de reales al sistema financiero que le presta el dinero necesario para llevar adelante su política y le permite pagar las cuentas gubernamentales. Esta contradicción es dolorosa y muestra como la macroeconomía neoliberal sigue chupando la sangre del pueblo, mientras selectivamente atiende sólo las exigencias de una pequeña porción de la población. Así los operadores de la macroeconomía tranquilizan su mala conciencia, y al mismo tiempo Lula se muestra fiel a algunas raíces de su biografía personal.

P: Saliendo del plano estrictamente brasilero y teniendo en cuenta las enormes expectativas que el Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) creó en amplios sectores del continente… ¿En qué medida una experiencia de esta naturaleza fortalece o debilita al movimiento social en su conjunto, en sus apuestas estratégicas de cambio?

R: A mi juicio, una de las limitaciones del Gobierno Lula fue descolgarse de los movimientos sociales que eran su base real de sustentación y apoyo. Prefirió optar por una base de apoyo parlamentaria articulada con partidos que no tenían nada que ver con el ideario del PT. Hay que reconocer que Lula no criminalizó a los movimientos sociales como se hacía sistemáticamente antes, aunque no les dio la importancia que les correspondía porque consideraba que ya estaban de su lado. Entre ellos hay mucha decepción y hasta rabia. Pero tienen inteligencia política. Dicen: “Lula es nuestro, viene de nuestro lado, conoce nuestras tribulaciones”. Por más errores que haya cometido no vamos a entregarlo a la burguesía. Al revés, vamos a presionarlo para que se reconvierta a sus antiguos sueños y como el hijo pródigo del Evangelio redescubra el camino de vuelta hacia los movimientos sociales. Votarán por Lula pero con el propósito de cobrarle las antiguas promesas y de algún modo, atenuar o cambiar la propuesta macroeconómica del Gobierno.

“A Lula le falto valentía”

P: Un balance tan mitigado de la parte de los actores y movimientos sociales, nos confrontan a la pregunta de fondo sobre la viabilidad de cambios profundos en Latinoamérica el marco de un sistema de democracia formal parlamentaria…

R: Objetivamente lo que se necesita es una revolución. Pero sabemos que el tiempo de las revoluciones clásicas ha pasado. Es decir, la revolución posible en el cuadro globalizado de la política mundial bajo el imperio norteamericano implica meter, lentamente, cuñas en las brechas del sistema. Esto lo ha entendido el presidente de Argentina Néstor Kirchner. No ha dicho al sistema financiero mundial y a Bush: “no voy a pagar la deuda”. Lo que constituiría un atentado contra el sistema y su lógica. Ha dicho: “yo pago. Pero por cada dólar pagaré solamente diez centavos”. Y tuvieron que contentarse con esto. Lula tenía mucha más autoridad moral para hacer algo parecido y quizás, incluso, más radical. Pero le faltó valentía, la capacidad de captar la potencialidad de una situación y actuar en correlato con determinación. Fue otra ocasión desperdiciada. Ahora tenemos que contentarnos con reformas que alivian los problemas, perpetuándolos, sin cambiar la estructura de base, lo que significaría una revolución o el comienzo de la misma.

“Juan Pablo II decapitó a los profetas”

P: ¿Los teólogos progresistas, la iglesia de avanzada, tienen en esta etapa una palabra/reflexión profética para relanzar la esperanza en Brasil? ¿Qué habría realmente que inventar en esta etapa para alentar la esperanza?

R: La actuación conservadora del Papa Juan Pablo II ha decapitado a los profetas. Para la política en América Latina, es decir, para la práctica de la Iglesia en la sociedad y su enraizamiento popular, ese papado fue un flagelo. Otra cosa hubiera sido si el Papa hubiera tenido una mínima iluminación espiritual y una sensibilidad pastoral hacia la pasión dolorosa del pueblo latinoamericano, cristiano y explotado. Si hubiera apoyado a las comunidades eclesiales de base - y la dimensión liberadora de la fe con su reflexión llamada teología de la liberación-, sustentándolas en las conferencias nacionales de obispos en vez de someterlas a pesada vigilancia llevándolas hasta, en algunos casos, a una verdadera desmoralización. Si todo hubiera sido de otra manera, diversa sería la situación política de América Latina. Su ceguera anticomunista le ha impedido ver lo nuevo que nacía en esta parte del continente que no tenía nada a ver con el marxismo pero sí mucho que ver con una alternativa viable al capitalismo salvaje imperante. Por lo tanto, otra ocasión desperdiciada. Vivimos en los últimos veinte años pérdidas irreparables y un invierno espiritual implacable. Recién comenzamos a rehacernos. Surgen algunos profetas y se reaniman las comunidades, no por contar con el apoyo de Roma, sino por que quieren dar una respuesta apropiada, desde el Evangelio, a la miseria a la que están sometidos tantos millones de seres humanos.

P: La experiencia brasilera actual nos indica un cierto agotamiento de las formas tradiciones de hacer política. O de la política como mecanismo “tradicional”. ¿Desde dónde habría que destrabar y superar este freno?

R: Es voz corriente que la forma de representación social mediante los partidos está absolutamente obsoleta. Es engañadora y permite la reproducción de las condiciones de desigualdad y de injusticia social. La convicción que crece en los movimientos sociales como los “Sin Tierra”, que acompaño, es que este tipo de democracia es buena para mantener la situación, pero inadecuada para hacer los cambios necesarios que respondan a las demandas fundamentales del pueblo. Lo que se está pensando es dar un carácter político a los movimientos sociales que hasta ahora tenían apenas un perfil social. Es decir, transformar el poder social acumulado en un poder político por encima de los partidos o atravesando los partidos; creando articulaciones con sectores de partidos que se propongan cambios sustanciales en la sociedad. Esta iniciativa está madurando en varios movimientos sociales en Brasil y ya se están articulando en este sentido para,
eventualmente, hacer su aparición oficial aún en estas elecciones presidenciales de octubre. Yo no sé cual es el camino. Pero estoy convencido que el mismo se hace caminando.

“O cambiamos o morimos como especie”

P: Al mismo tiempo que “se desperdician oportunidades”, los grandes poderes económicos no dudan ni un segundo. Las grandes empresas transnacionales avanzan, masacran especies y biodiversidad. ¿No es casi dramática esta complementación entre gestión política decepcionante y destrucción abusiva cotidiana del planeta?

R: Este es un tema que me ha ocupado bastante en los últimos años, escribiendo, hablando, intentando influenciar políticamente sectores del Gobierno Lula. A excepción de la Ministra del Medio Ambiente, Marina Silva, que piensa como nosotros, este discurso es considerado como de locos en una sociedad pretendidamente de bien pensantes. Todos hablan de crecimiento. Lula es el que más habla. Todos los administradores del mundo, desde los Gobiernos hasta las corporaciones más sencillas se proponen crecer más y más. Infeliz del país que no presente porcentajes importantes de crecimiento cada año. Pero este objetivo es suicida. La Tierra no aguanta el tipo de producción y consumo que supone y que propone explotar sistemáticamente todos los recursos disponibles de la naturaleza. China e India van a hundir la humanidad, por que son como una esponja que chupa todos los recursos posibles del planeta. Y ambos tienen una clase media de
trescientos millones de personas -equivalente a toda población de Europa- que quiere consumir a la occidental. Esta lógica nos lleva al abismo. No soy yo quien lo dice. Sino los grandes nombres de la ecología, de la astrofísica como el astrónomo inglés Martin Rees, en su libro “La hora final”, o el promotor de la teoría Gaia, James Lovelock, en su reciente libro “La venganza de Gaia”. Ellos nos anuncian escenarios dramáticos para los próximos años. Estoy convencido de la teoría que dice que el ser humano no aprende nada de la historia pero que aprende todo del sufrimiento. Esto es trágico pero parece ser el camino infalible del aprendizaje. O cambiamos, o morimos como especie.

P: La tierra en crisis, amenazada por un sistema. ¿De dónde vendrán las fuerzas para poder estructurar una propuesta alternativa diferente para frenar esa tendencia?

R: Pienso que la crisis es tan global que ya no funcionan políticas convencionales ni extraordinarias. Solamente una coalición de fuerzas basadas en una ética mínima fundamental, en otros valores que pongan la vida, la Tierra, la humanidad y la naturaleza en el centro. Esta coalición podrá ofrecer una alternativa que nos pueda salvar. Cada año desaparecen, naturalmente, en el proceso de la evolución, trescientas especies de seres vivos. Con la agresión sistemática de los humanos desaparecen cerca de tres mil. Esto equivale a una verdadera devastación. Pregunto: ¿será que no ha llegado el momento de desaparecer y dejar la tierra libre de este cáncer que somos nosotros y permitir que siga el proceso de la evolución con la aparición de otras formas de vida y con otro sentido de cooperación de todos con todos? Ya que el espíritu y la conciencia están primero en el cosmos y solamente después en nosotros, esta desaparición de la especie humana no sería una tragedia absoluta. Dentro del proceso de la evolución, el principio de inteligibilidad y amor reaparecerían en seres complejos y de un orden más alto. Espero que con mas compasión y ternura que nuestra especie…

P: Sigue siendo la vida de la tierra uno de tus temas principales de reflexión… ¿Se sigue sintiendo sobre todo teólogo o “simple enfermero” de la Pachamama?

R: Las religiones pueden tener una función pedagógica muy grande en le proceso de respeto, salvaguardia y veneración de lo creado. Todas ellas dan centralidad a la vida. Más que hablar de naturaleza, hablan de creación que salió de las manos del Creador. Ellas pueden educar a las personas a cuidar de esta herencia que nos fue entregada por Dios. Debemos comprendernos, y esto está en el capítulo segundo del Génesis - como jardineros y cuidadores del Jardín del Edén. Esta es nuestra misión: cuidar, regenerar lo dañado y permitir que todos puedan convivir. Mejor aún: no permitir que la selección natural que privilegia los más aptos y fuertes prevalezca en el proceso de evolución. Nuestra misión debe ser la de salvar los débiles, permitir que sigan dentro del proceso que ya tiene por lo menos 13 mil millones de años de existencia. El propósito de la evolución no se resume en privilegiar a los más fuertes, sino en permitir que cada ser, también los débiles, muestren nuevas posibilidades de la naturaleza, revelen dimensiones nuevas que vienen del Abismo alimentador del Todo (el vacío cuántico como lo llaman los cosmólogos) y que yo prefiero llamar la Fuente originaria de todo el ser, en una palabra, la reverencia o Dios. www.ecoportal.net

* Colaboración E-CHANGER, ONG de cooperación solidaria

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